DE LO QUE NO SE SABE HABLAR, MEJOR CALLAR
DE LO QUE NO SE SABE
HABLAR MEJOR CALLAR
Cuando en 1918 Ludwig
escribió el prólogo del Tractatus, no
se bien en que estaría pensando. Eso sí, creo que sería cortes por nuestra
parte agradecerle lo cortito que lo escribió. Es cierto, pese a ser un prólogo
bastante arrogante y prepotente, no malgastó folios y folios en explicarnos
porque su obra iba a ser así, porque la había escrito asa, etc.
En este ensayo me
gustaría corregir la tesis de fondo que defiende Wittgenstein en el Tractatus: “lo que siquiera puede ser
dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que
callar”.
Tengo que aclarar que
cuando empleo el término “corregir” no me estoy refiriendo a que voy a iniciar
una crítica severa a la gran obra de Ludwig. En primer lugar, porque no he
leído la obra. En segundo lugar, porque no tengo intención de hacerlo todavía.
Pues prefiero preservar la poca salud mental que me queda.
De todas maneras en
defensa del austriaco, tengo que decir que yo también soy partidario de
expresar libremente los pensamientos, aunque ya lo haya pensado otro. Y que no
se trata de arrojar novedad a cuestiones importantes, sino de pensar por una
vez por ti mismo. Aunque más tarde se descubra que eso que se te acaba de
ocurrir ya se le ocurrió a Leoncio III en el siglo V d.C y que existen ríos y
ríos de tinta sobre esa cuestión en la que pensaste. Eso no importa. Lo
importante es que pensaste. Y hoy en día muy pocos lo hacen
.
Volviendo a la tesis de
Wittgenstein, me gustaría centrarme quizás en la segunda parte de la tesis: “de
lo que no se puede hablar, mejor callar.” Esta afirmación que a primera vista
parece de lo más sensato y de lo más normal del mundo, me parece que no nos
aclara del todo la cuestión del hablar. Lo primero todo, que es aquello de lo
que no se puede hablar. Y ¿Por qué no puede hablar de ello? Y quien eres tu
Ludwig para decirnos que es mejor callar en aquello de lo que no se puede
hablar. La censura es un germen que devora las palabras y que marchita nuestra
imaginación. Y no me cansare de repetirlo; que destrocemos el único patio en el
que podemos jugar tranquilos y sin que nadie nos moleste me parece una
atrocidad. Y querido lector tú te estarás preguntando ¿Cuál es ese patio del
habla? Y yo responderé: ¡El de la comunicación! Por supuesto. El del lenguaje.
El de las palabras.
Supongo que sería pasarse
después de que Wittgenstein dijese “de lo que no se puede hablar mejor callar”
que le respondiésemos “aplíquese el cuento”. Pero no estaría bien y nosotros no
queremos tener ningún problema Ludwig. Pues lo admiramos y lo veneramos como
gran filósofo que fue.
De todas maneras lo que
si diré, es que parafraseando al bueno de Ludwig; “de lo que no se sabe hablar,
mejor callar”. Y con esta frase yo me callo, que ya he hablado mucho.

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