EL VIRAJE Y LO FILOSOFICAMENTE CORRECTO
Ignacio Lacarra Martín
EL VIRAJE Y LO FILOSOFICAMENTE
CORRECTO
En primer lugar, me gustaría decir que, pese a que no estoy
de acuerdo con muchas de las cosas que se dicen en este texto me ha parecido
una de las lecturas más agradables que he hecho. Tanto así, que se lo he
mandado tanto a familiares como a amigos cercanos que nada tienen que ver con
la filosofía.
Hablando con mi madre sobre la
censura literaria durante los años de franco me hizo reflexionar sobre aquello
que podemos y no podemos decir. En filosofía siempre nos hemos preguntado por
los límites, tanto del conocimiento, pensamiento, etc. Pero, ¿y los límites del
hablar? Hasta donde podemos hablar. Sobre que podemos hablar.
La censura es algo común en política. Hoy más que nunca.
Pues en pleno siglo XXI ya no se sabe que es lo que se puede y lo que no se
puede decir. Incluso aunque sea verdad. Pero pensándolo profundamente ¿a quién
le importa la verdad? Pues a muy poquita gente. Pero no hemos venido aquí a
hablar sobre lo políticamente correcto o lo políticamente incorrecto. Sino
sobre lo filosóficamente correcto y lo filosóficamente incorrecto.
Lo que defiende Wittgenstein no me parece que diste mucho de
lo que defiende Kant. Al final ambos admiten que hay ciertas disciplinas con
las que no se puede hacer ciencia. Y estoy de acuerdo. No creo que la
papiroflexia pueda algún día ser una disciplina científica. Pese a ser un arte
increíble. En cierto sentido ni la metafísica. Porque el estudio de aquello que
traspasa la limitación de nuestros pobres sentidos, está claro que no puede ser
una ciencia. Sino, como dice Schlick en el texto; “la reina de las ciencias”. Y
esta no tiene por qué ser una de ellas.
Si me parece un viraje en la filosofía el trabajo de
Wittgenstein. Porque supo ver lo que otros no vieron. Sin embargo no me parece
en absoluto que solucione los problemas de la filosofía. Da otra perspectiva y
trata de arrojar nuevas luces a otros caminos en los que jamás nadie se había
adentrado.
Pero volvamos a aquello de lo que podemos hablar y aquello
de lo que no. Algo muy bonito que tienen las palabras es que en gran medida
brotan de nuestra imaginación. Y nuestra imaginación que es nuestra, no tiene
límites. Aunque un par de estudiosos lógicos eruditos nos digan que no tiene
sentido hablar de ciertas cosas, nosotros siempre podremos jugar con las
palabras en el discurso. Tanto hablado como escrito.
La limitación proviene del conocimiento. La palabra se tiene
que adecuar al conocimiento. Pero si el conocimiento es erróneo, lo que se
exprese en palabras de dicho conocimiento será por tanto erróneo. Y ¿a quién se
le culpara? A los enunciados claro. Porque el error se le atribuye a la palabra
y no al conocimiento.
Lo que vengo a decir es que hay un mundo en el que no existe
la censura y en el que por hablar se puede hablar de todo aunque algunos se
empeñen en negarlo. Y este es el mundo de las palabras. Y es que muchas veces
hemos perdido el tiempo tratando de verificarlo todo. Y nos olvidamos que para
creer en los dragones no necesitamos verlos. Sino cerrar los ojos y querer que
estén allí. Aunque no podamos verlos. Y esto amigos míos no se llama
conocimiento y no tiene nada que ver con la ciencia. Se llama fe y tiene que
ver con algo más grande y misterioso. Juzguen ustedes mismos.
hola
ResponderEliminarme ha gustado mucho!
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